1. Opta por cereales integrales.

Los cereales integrales son ricos en fibras insolubles, beneficiosas para regular el tránsito intestinal, pero también lo son en fibras solubles, buenas para regular el nivel de colesterol. Por ejemplo la avena o la cebada. Son ricos en minerales y en vitaminas B y E. Contienen otros nutrientes como los flavonoides, fitoesteroles, la insulina y los ligannos.

Numerosos estudios han demostrado el carácter protector de los cereales frente a problemas cardiovasculares.

Hay algunos casos, como por ejemplo, cuando se sufre síndrome de intestino irritable o diarrea, donde se desaconseja. En estos casos, se puede optar por la versión del cereal semi-integral o blanco y es preferible comer alimentos ricos en fibras solubles como lo son la avena, la cebada, las semillas de chía, el psillium o las semillas de lino.

2. Endulzar de otras maneras.

Sustituye el azúcar blanco refinado por un azúcar integral de caña, por azúcar de coco o por siropes de agave o de dátil.

Remplaza los edulcorantes sintéticos por stevia ecológica o xilitol. Utiliza para endulzar frutas secas como los dátiles, los higos, las pasas, los orejones, etc.

Los azúcares y los siropes sin refinar contiene mas nutrientes que los refinados, además, alguno de ellos contiene un índice glucémico más bajo que el azúcar refinado, por lo que absorben más lentamente y se reduce, a largo plazo, el riesgo de padecer diabetes tipo 2 o el riesgo de padecer enfermedades cardiovasculares.

3. Come platos más coloridos.

Para que los platos sean más coloridos y nutritivos se pueden utilizar especias, hierbas y multitud de verduras. Cada color contiene diferentes nutrientes y antioxidantes dependiendo de cada alimento; el betacaroteno en el caso de las naranjas, el licopeno en el color rojo de los tomates, los flavonoides en los arándanos, etc. Cuantos más colores diferentes añadamos a los platos, mas beneficios obtendremos de los vegetales.

4. Ama las coles.

La familia de las crucíferas no suelen gustar demasiado, pero son muy buenas para la salud, sobre todo por sus propiedades anticancerígenas, tienen mucha fibra y minerales y vitaminas esenciales. Si se comen crudas, mantienen intactas sus propiedades. Pero para digerirlas bien se pueden cocer al vapor, al horno o se pueden saltear en una sartén con el mínimo aceite de oliva.

5. Bebe suficiente agua de forma habitual.

A menudo se nos olvida beber, pero el agua también forma parte integrante de nuestra alimentación. No deberíamos esperar a tener sed para beber, sino todo lo contrario, deberíamos beber de forma habitual, a lo largo del día. Hay que aprender a escuchar a nuestro cuerpo y habituarnos a llevar encima siempre una botella de agua.

Lo ideal es beber un total de 2 litros de líquido al día. El agua que contienen las frutas y las verduras hacen gran parte, sobre todo, cuando se consumen frutas y verduras ricas en agua como la sandía, el pepino, el melón o la lechuga.

6. Come una cantidad adecuada de alimentos.

Una vez que tenemos los ingredientes apropiados, solo nos queda hablar sobre el tema de las raciones. Hay que comer lo suficiente para quedarse saciado, pero no muy lleno ni incómodo. Hay que comer según nuestras necesidades y ser muy conscientes de lo que pide el cuerpo.

Uno de los posibles errores cuando empezamos una dieta vegetariana es el de intentar compensar por miedo a que nos falte alimento.

7. Elige alimentos ecológicos.

En la medida de lo posible siempre es mucho mejor optar por alimentos ecológicos, ya que los que no lo son contienen pesticidas y numerosos tóxicos que pueden perjudicar la salud a la larga.

8.Come más alimentos caseros y cero productos procesados.

Bien se sabe que los platos caseros hechos a base de ingredientes frescos y naturales son mejor que los alimentos industriales procesados, los cuales suelen contener mucha sal, azúcar y aditivos insanos.

No tienes tiempo para cocinar? siempre hay trucos para ir un poco más rápido en la cocina y no caer en la comida precocinada. Usa legumbres de bote, sin son ecológicas mejor, que no tengan aditivos, lo más naturales posible. Al estar ya cocidas te ahorrarán una cantidad de tiempo enorme. Congela tus verduras, es mejor comerlas frescas, pero si no tienes tiempo de cortar todos los días e invertir tiempo en esto es mejor comerlas así que no comerlas. Utiliza caldos ecológicos para hacer una sopa rápida y siempre congela lo que te sobre de la comida para otra ocasión. Así tendrás un plato rápido y sano.


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