«La dieta vegana es incompleta porque hace falta suplementarse con pastillas de vitamina b12».

Esto es lo que la mayoría de la gente piensa, porque cree que esta vitamina nos la aporta la ingesta de carne o lácteos y no es así.

En el siglo XX mediante experimentos se observó que los pacientes con anemia perniciosa instaurada mejoraban con la ingesta de hígado y de su jugo, y posteriormente se empezaron a administrar extractos concentrados a partir de hígados animales que sirvieron durante años como la alternativa más viable para el tratamiento de la enfermedad, hasta que se descubrió que era la vitamina B12 la que revertía los síntomas y se trabajó en su síntesis aislada que tuvo lugar en 1972.

De ahí que en base a estos hechos se asocie a un origen animal. Y aunque se encuentra en los productos de origen animal (excepto la miel), en realidad tiene origen bacteriano, y los mismos animales deben realizar un aporte adecuado de ella para asegurar su presencia, bien sea a través de la ingesta, comiendo directamente de un suelo rico en bacterias precursoras o bien sea a través de suplementación mediante pienso o inyecciones.

También existe una creencia popular de que las algas y fermentados la contienen, pero se trata de análogos inactivos que pueden falsear una analítica y entorpecer el metabolismo de la B12 activa, por lo que nunca os suplementeis sólo con alimentos, es necesario tomarlo en forma de gotas o pastillas, en forma de cianocobalamina, que es la forma más habitual, ya que se transformará en forma fisiológica una vez metabolizada.

Sus funciones son muy importantes para nuestro cuerpo.

  • Participa en reacciones metabólicas muy importantes.
  • Síntesis y maduración de glóbulos rojos.
  • Síntesis de ADN durante la división celular.
  • Mantenimiento del sistema nervioso.
  • Síntesis de lípidos neuronales y producción de neurotransmisores.
  • Síntesis de proteínas y aminoácidos.

Su deficiencia puede llevar a la anemia perniciosa. Es importante suplementarse porque si no se hace, y hay una ingesta de ácido fólico elevada en la dieta, esta podría enmascarar una anemia y no tendríamos síntomas ni resultados evidentes en las analíticas hasta que ya fuera algo grave y repentino.

En la población ovolactovegetariana también hay alto riesgo de deficit ya que, aunque ingieren lácteos o huevo, no suelen cubrir a diario el consumo mínimo. además algunos procesos térmicos como por ejemplo la pasteurización al que se somete la leche genera pérdidas de hasta un 7% de b12 y hervirla un 30% y que una parte de vitamina b12 contenida en los alimentos puede ser análogos, lo cual complica las cosas a este grupo poblacional.

Durante el embarazo y la lactancia.

Durante el embarazo y la lactancia el niño estará bien suplementado a través de su madre, siempre que los niveles de la madre sean adecuados.

Esta tabla muestra las pautas de suplementación con dosis farmacológicas semanales en forma de cianocobalamina.

0-5 meses – Lactancia

6-11 meses – 400 ug/ semana (o 200ug dos veces por semana)

1-3 años – 750ug/semana (375ug dos veces por semana)

4-8 años – 1000 ug/semana (500ug dos veces por semana)

9-13 años – 1500ug/semana (750ug dos veces por semana)

14-64 años – 2000 ug/semana (1000ug dos veces por semana)

65 años o más – suplemento diario.

Embarazo – 3000 ug/semana (1000ug tres veces por semana)

Lactancia – 3000 ug/semana (1000ug tres veces por semana)

Los bebés que toman lactancia materna o artificial no es necesario que sean suplementados hasta los 7-8 meses, a partir de esta edad, o más bien cuando las tomas de leche se espacian mucho, se han reducido y ya tienen muy establecida la alimentación complementaria, podemos empezar a dar un suplemento semanal de b12 en forma de cianocobalamina en gotas.


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