Aún recuerdo mis seis años, una época que creo que nunca olvidaré. Empecé un colegio nuevo, con profesores nuevos y compañeros nuevos. Una sensación de ilusión, nervios y miedo.

Me tocó en un aula con compañeros muy buenos, con los que enseguida hice amistad y una profesora no tan buena, a la que, razonándolo ahora de adulta, no le gustaba demasiado su profesión. Ahí empezó una época en la que los gritos, los castigos y las malas miradas eran el día a día. Siempre fui una niña muy sensible, enseguida notaba si otra persona tenia malos gestos o mal comportamiento conmigo y eso me hacia estar triste e incómoda. Lo bueno… que todo lo expresaba en casa y gracias a eso me pudieron ayudar. La primera reacción de mis padres fue hablar con ella, algo que no fue demasiado bien, ya que después de esa reunión empezó el verdadero maltrato psicológico.

Vacíos si hacia una pregunta, gritos si hacía algo mal, muy malas miradas, castigos por tonterías, me ponía a cuidar a un compañero con síndrome de down y como le ayudaba en sus tareas no podía estar atenta a las explicaciones de clase, como es normal, pero si me surgía una duda y le preguntaba su respuesta era siempre la misma, «ese es tu problema».

Una manera de educar que debería ser denunciable. Por suerte me cambiaron de colegio y la profesora que me tocó era muy dulce y paciente, pero por lo que estoy viendo, ahora que soy madre y me toca llevar a mi hijo al colegio, no es tan común como debería.

Años más tarde, con once años, me tocó nuevo cambio. Esta vez no solo de colegio si no también de provincia, a un curso muy complicado, sexto de primaria. Donde los niños ya tienen sus grupos formados, sus roles y en un pueblo donde al que venia de fuera se le veía como un extraño. Cero acogedores y con muy mala energía. Sufrí burlas, soledad, discriminación… De los peores años de mi vida. Un cambio que los profesores no ayudaron, para nada a sobrellevar. Cero empatía, cero ayuda y cero cariño. Aún intentando entender, porque un profesor puede pasar tanto de sus alumnos.

No puedo entender esa falta de empatía y esas pocas ganas de ayudar a sus alumnos, por lo menos a integrarse, a dar un poco de calor y apoyo.

Ahora mi hijo está pasando por una experiencia parecida, con una profesora que no tiene vocación y que sinceramente es una amargada, no puede tener otro nombre. ¿Por qué se normaliza algo tan terrible como gritar, castigar y humillar a niños tan pequeños? No debemos quedarnos con los brazos cruzados, esto debería cambiar ya, porque tienen la infancia en sus manos y no saben tratarla. Regañan a los niños por ser ellos mismos, por ser espontáneos y activos. Mermando su autoestima.

¿Qué sociedad estamos formando? ¿Robots? para que no tengan iniciativa propia y se ciñan a lo establecido.

Ahora, con mil dudas en la cabeza. Tal vez, lo mejor, ahora mismo es sacarlo del colegio y replantearnos las cosas… Nada ha cambiado, 25 años después, esa es mi conclusión… Simplemente, estoy sin palabras.


02 comments
  • Te entiendo perfectamente. La educación hoy en día no ha cambiado mucho. Es cierto que a veces te encuentras con profesionales muy motivados pero no es la regla común. No sé si es el sistema educativo que termina mermando las ganas o qué. Pero como profesional de la pedagogía me cansa mucho porque es el desarrollo emocional de los peques que se convierten en adultas como nosotras con mil carencias. Te animo a reclamar y si tienes dudas encantada de ayudar. Feliz día y gracias por compartir tu experiencia porque es más común de lo que crees.

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    • Muchísimas gracias por los ánimos.
      Es una verdadera pena que no sea lo común, es cierto. Solo espero que vaya cambiando.
      De momento he puesto una queja en la concejalía y el ministerio, porque en el colegio el director no me recibe si antes no he hablado con la profesora, cosa que me niego a hacer porque es exponer a mi hijo directamente y me da miedo que le coja manía. Así me he quejado por estas vías y de momento lo he sacado del centro, no veo la necesidad de que tenga que aguantar gritos y castigos a diario.

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