Cada año matamos 60 mil millones de animales terrestres y 1 billón de animales marinos para nuestro consumo. Es una masacre sin parangón en la historia de la humanidad que plantea un desafío ético de primera magnitud. Este consumo desbocado agrava el problema del hambre en el mundo, provoca desequilibrios ecológicos y además es nocivo para nuestra salud.

Instrumentalizamos animales por razones horribles con el tráfico de fauna salvaje, o para ciertas investigaciones científicas o por mera «diversión» como las corridas de toros, los circos o los zoológicos.

Hacía la década de los 50, nos vimos sorprendidos por la aceleración que ha señalado nuestra entrada en la «era de los humanos», en la que nuestras actividades tienen un gran impacto en el conjunto del planeta. Desde entonces la población mundial ha pasado de 2,5 a 7 millones de personas. Las emisiones de CO2 y de metano, la deforestación, el uso de pesticidas y fertilizantes químicos y el consumo de agua potable y plástico, no sólo han aumentado, sino que se han acelerado. Al sedentarizarse, los humanos pudieron domesticar animales de manera sistemática. Empezaron matando a cierto número de los que criaban, lo que implicaba una relación con el animal totalmente distinta a la del cazador.

santuario de animales, donde se les protege.

Los efectos de la cría industrial y de la alimentación carnívora en la pobreza del medio ambiente y la salud son descomunales. Antes incluso de considerar las cuestiones morales, aquellos a quienes les gusta comer carne y están dispuestos a quedarse tranquilos con el hecho de que se asesina a miles de millones de animales al año deberían preocuparse por ellos y sus hijos, ya que todo esto está trayendo consecuencias.

Anualmente 775 millones de toneladas de maíz y de trigo, así como 200 millones de toneladas de soja, el 90% de la producción mundial, que podría alimentar a los habitantes de los paises donde se cultivan, son consagrados a la alimentación del ganado destinado a la producción de carne de los países desarrollados, lo cual no hace sino agravar la precariedad de las poblaciones más pobres. Además, las conclusiones de las investigaciones científicas presentadas a través de diversos resúmenes de Naciones Unidas GIEC Y FAO), del instituto Worldwatch y otros, indican que la importancia desmesurada concedida a la producción industrial de animales tiene impactos negativos muy severos para el medio ambiente, es decir, para la suerte de las generaciones futuras y, desde ahora mismo, para la salud humana.

Una vez domesticados, los animales se convierten en servidores y esclavos del ser humano, quedando a su merced. Una situación que se suaviza con la excusa de que debemos alimentarnos, cuando en realidad no necesitamos ese alimento. Una vez domesticados no nos gusta considerarlos nuestros iguales, ya que si lo hiciéramos y no nos pusiéramos esa coraza, muy poca gente podría seguir matándolos y consumiéndolos. El ser humano demuestra de esta manera su capacidad para activar y desactivar selectivamente sus normas morales según lo que conviene a sus intereses.

Santuario Gaia

Un perro no necesita justificar sus actos cuando mata a un conejo, un gato no muestra señales de remordimiento cuando juega con una rata medio muerta. Esos comportamientos y los sufrimientos que engendran son inherentes a la relación entre un depredador y su presa. Al ser humano, estas cuestiones no le resultan tan sencillas. Aunque existen excepciones, en general, a los seres humanos no les resulta fácil matar a los animales o perjudicarlos con indiferencia total.

Cifras aplastantes.

  • La cría ganadera contribuye al 14% de las emisiones de gas efecto invernadero vinculadas a actividades humanas, en segunda posición tras los edificios y antes que los transportes.
  • Para producir 1Kg. de carne hace falta utilizar 10 kilos de alimentos que podrían alimentar a poblaciones de los países pobres que los producen.
  • El 60% de las tierras disponibles en el mundo están consagradas a la cría.
  • La cría consume ella sola el 45% de toda el agua destinada a la producción de alimentos.
  • Si se reduce el consumo de carne se podría reducir el 14% del volumen de fallecimientos humanos en todo el mundo.

El tema del sufrimiento, ya se da por sentado, es evidente que todos los animales sentimos, al tener sistema nervioso central sentimos dolor y el maltrato. Esto incluye a los peces, los «sin voz» con los que no se suele empatizar tanto porque no gritan ni expresan el dolor como nosotros, pero eso no quiere decir que no lo sientan.

El negar, también, el sufrimiento psicológico, es absurdo. Estudios canadienses han demostrado la angustia y el traumatismo que sufren las vacas cuando se las separa de su ternero a la mañana siguiente de su nacimiento y cuando se las conduce a la sala de ordeño. Ambos se se ven privados de lo que tiene sentido para ellos. Las expresiones de duelo existen entre numerosas especies, no es solo exclusiva del ser humano, por muy superiores que nos creamos.

El criar a los niños en la empatía, en esta sociedad actual, es importantísimo para hace un cambio, que sin duda, es bastante urgente.

Santuario Gaia


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