Escribo este post porque me he dado cuenta de la cantidad de personas que están pasando por lo mismo que he pasado, me habéis escrito muchísimas chicas y esto me ha hecho darme cuenta de que mi experiencia puede servir, aunque sea un poco, para dar esperanza a varias personas, ya no sólo a las que están pasando por una candidiasis crónica, si no para mucha gente que ve su salud caer en picado y no ven salida. Al fin y al cabo, es una señal del cuerpo de que algo va mal, da igual el nombre que le pongamos.

Espero no extenderme demasiado y no aburriros, quizás lo divida en dos posts para no liaros, y por supuesto, cualquier pregunta que tengáis podéis mandármela por aquí o por privado. Han sido diez años muy largos y bastante duros, espero resumirlos bien y que sirva de ayuda.

Yo empecé bastante joven con todo esto, quizás la candidiasis, propiamente dicha, proliferó con 17 años, cuando ya los síntomas eran bastante evidentes, pero ya con diez años comencé a tener algunos problemas recurrentes como infecciones de orina, algo que los médicos trataban con normalidad y solucionando con antibióticos, ese fue el momento en que empezó todo.

Ahora sé que las infecciones eran simplemente un síntoma con el que mi cuerpo me avisaba de que algo iba mal, y es que el tener tantas infecciones es generado por llevar una alimentación ácida, los alimentos nos ayudan a alcalinizar o a acidificar la sangre, la carne, los lácteos, los refinados, etc. nos acidifica y esto ayuda a que el cuerpo se debilite y enferme.

Se considera que tenemos un pH ácido cuando este pasa por debajo de 7, cuando hay acidez en la sangre las células no reciben el oxígeno necesario y esto da lugar a síntomas como infecciones, asma, dolores articulares, jaquecas e incluso cáncer, entre otras muchas.

De los diez años a los 17 no recuerdo la cantidad de antibióticos que tomé, no exagero al decir que se convirtieron en un tratamiento mensual, llegó un momento en que vivía con miedo y me llevaba en el neceser una pastilla si viajaba, sabía que me iba a doler si me bañaba en la piscina, en la playa o me sentaba en un sitio frío, lo malo de las pastillas es que acto seguido me creaban hongos y era un círculo vicioso en el que me había metido y no tenía ni idea de cómo salir.

Todo esto, como era evidente, acabó con mi salud y con mi autoestima, ya que había días que no salía porque vivía de mal humor, el dolor hace que tu carácter se agrie mucho y te encierres en tu propio mundo para no molestar a nadie y no parecer una obsesa e hipocondriaca.

Durante este tiempo los médicos me decían que era normal tener infecciones, más en una mujer, otros me decían que tendría que aprender a convivir con ello y en una ocasión una doctora me dijo que posiblemente fuera algo mental, de hecho, la última vez que pisé un médico fue cuando fui por quinta vez a mi médico de cabecera por unos hongos que no se me quitaban con ningún óvulo ni pastilla y lo único que me dijo fue: “ya no sé qué hacer contigo, tendrás que aprender a vivir con los picores” ese día salí llorando de allí y decidí tomar yo misma las riendas. Buscaba y leía mucho y los consejos que encontraba eran no lavarse con agua fría, no caminar descalza o llevar ropa interior transpirable, pero estas recomendaciones no me ayudaban para nada, yo quería llegar a la raíz de este problemón.

A los 17 años empecé a sentir, de un día para otro, que algunos alimentos me sentaban mal, la barriga se me hinchaba por comer pan, algo que nunca me había pasado, sentía nauseas con la leche y los yogures animales y las infecciones iban a más. Fue un proceso lento pero muy marcado, recuerdo que la segunda etapa fueron diarreas y vómitos por comer casi cualquier cosa y unos meses después empecé con bronquitis asmática, migrañas muy fuertes que me hacían vomitar, dolores en los dedos, pérdidas de memoria momentáneas, poca retención de memoria, dolor en la espalda, pinchazos en la ciática al estornudar, color de piel opaco, acné, depresión, dolor intenso en el estómago, meses después ataques de pánico, taquicardia, insomnio, quistes en los ovarios, uñas quebradizas, reglas muy irregulares y excesivamente abundantes, pérdida de peso brusca, ya que deje de comer todo alimento que me sentaba mal y no tenía muchos recursos de aquella, no conocía más comida, que la “normal”, también tenía mucha ansiedad por los alimentos dulces, entre otros muchos síntomas que acabaron con mis ganas de vivir.

Todo esto tenía que tener solución, los médicos no sabían que me pasaba, yo insistía porque creía firmemente que mi solución la encontraría con ellos, hasta que pasé por esto y no me quedó más remedio que ampliar mis miras, e investigar por mi cuenta, por internet, buscando naturópatas, libros, médicos especializados en medicina biológica, en medicina ortomolecular, etc. gracias a esta etapa empecé a encontrar salida, pude comprobar que había más gente con estos síntomas, de aquella muy poquita, pero algo aparecía por internet. Encontré el libro de Cala Cervera y fue mi libro de bolsillo durante meses.

En el momento en el que compré su libro empezó este camino, un camino con mil altibajos, ya que Cala Cervera aconseja encontrar la salud con una dieta muy estricta, con la que ahora estoy bastante en desacuerdo por la cantidad de proteína animal que manda, pero en ese momento era mi única salida y no contemplaba ese detalle. En casa me apoyaron muchísimo y me compraron todas las pastillas que ponía en el libro, los antifungicos, los probióticos, los alimentos extraños como crakers de trigo sarraceno, que de aquella no sabía ni que eran. Y empecé una dieta que me hizo sufrir dolores muy fuertes de estómago, migrañas, vómitos, lo cual leí que era de lo más normal, ya que el cuerpo se estaba limpiando y todas las toxinas se estaban movilizando. Recordando esto aún no me explico cómo saqué la carrera, con lo que falté a clase.

Este proceso me duró bastante porque tuve recaídas, no aguantaba la ansiedad por el dulce y me salté la dieta en varias ocasiones, lo bueno es que el cuerpo es muy agradecido y cada cambio que hacía tenía resultados. No completos, porque tenía muchísimos síntomas, pero poco a poco fueron desapareciendo, fue un aprendizaje y sigue siéndolo, fui encontrando respuesta a todo lo que me pasaba, fui pasando por etapas, primero creía que era intolerancia a la lactosa, luego al gluten, y la conclusión era tan simple que cuando llegué a ella me dije, ¡claro! y es que no hay nada mejor para el cuerpo que darle alimentos naturales.

Estamos tan desnaturalizados y somos tan dependientes a la comida que no lo vemos, pero en realidad lo que necesita el cuerpo para estar sano es una alimentación limpia, basada en plantas, una alimentación libre de productos tan antinaturales como los refinados, los fritos, los químicos, productos que el cuerpo no reconoce y que le hace trabajar en exceso, lo acidifica y lo enferma.

Alguien que no ha estado enfermo quizás lo vea un extremismo, la comida es algo muy emocional y genera discusión entre la gente, estamos tan apegados a ella que nos dicen de quitar cierto alimento de nuestra rutina y nuestro mundo se cae, pero cuando te acostumbras la salud vuelve y tu vida cambia drásticamente.

 

A continuación, os comparto un breve resumen de los alimentos que eliminé de mi dieta:

Fritos, Bollería industrial, trigo, soja, Frutas muy dulces, maíz, cualquier harina refinada, levaduras, hongos, bebidas gaseosas ,alcohol, gluten , leche animal y cualquier derivado como yogur o queso, Cualquier dulce y endulzante. En definitiva, todo lo dulce, ya que es un alimentos ideal para la cándida, los refinados, los antinatural y químico.

Actualmente, ya he recuperado mi salud, llevo sin ir al médico unos cuatro años, salvo para hacerme una analítica anual, revisiones en el embarazo y parto. Gracias a la alimentación que llevo he vuelto a vivir, a hacer planes y a no parar de organizar y poner en marcha proyectos. Cuando pierdes la salud te das cuenta de lo básica que es.

Mi alimentación actual consta de los siguientes grupos de alimentos:

Todas LAS FRUTAS

Hortalizas y Verduras, sobre todo crudas y de hoja verde

Legumbres

Semillas

Frutos secos

Frutas secas

Cereales, harinas y pastas sin gluten y sin refinar

Salsas naturales

Tofu natural

Leches vegetales ecológicas sin endulzantes ni químicos

Algas

Zumos y batidos naturales

Sal de mar o del Himalaya

Ningún tipo de azúcar, sólo el natural de las frutas.

Agua e infusiones

Cacao y algarroba puros

Especias

Kombucha

Y todos los platos deliciosos que se pueden preparar con todos estos productos.

Los alimentos te dan salud o te la quitan, somos lo que comemos y eso se nota. También me ayudó muchísimo el dejar de comer animales, este descubrimiento, que fue una decisión totalmente ética, ya que en cuanto descubrí todo lo que había detrás de la industria quise dejar de colaborar en esa salvajada, también terminó por cerrar mi búsqueda y de repente todo encajaba, me encontraba bien conmigo misma, con mi cuerpo y con mi mente.

Victoria Rodríguez Polo.


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